07 septiembre 2008
¡Qué niño tan lindo!
¡Pero qué niño tan bonito! Su cabellito ralo, sus ojitos pispiretos—con arruguitas y toda la cosa—sus cejas pobladas, su nariz de condor y su boquita chiquita, chiquita... Se ve que lo hicieron con mucho amor. No entiendo por qué, luego de abortarlo, ponerle una golpiza, amarrarlo de pies y manos, y tratar de ahogarlo con una bolsa de plástico en la cabeza, su madre lo fue a tirar a un basurero. Lo bueno es que el chamaco aguantó como los grandes.
Dijo que eran simples cariños de su progenitora y que, si bien es cierto que llegó a sentir un poco de rudeza, era simplemente para que supiera que la vida no es un lecho de rosas. Desde entonces no ha dejado de golpearse la cabeza con una tabla, lo cual le ha acrecentado más esa "carita de estúpido", como la han llamado los doctores. Además de golpearse, le encanta comer frituras (rueditas y chicharrones), imitar voces y ver los programas de Mr. Bean... ¡Qué cosa!
05 septiembre 2008
El rincón del vago
Aquí algunas imágenes de mi cuarto, donde puedo pasar horas y horas sin sentir el menor atisbo de hartazgo. Cuando me encuentro en casa, básicamente es el único lugar en el que estoy. Todavía me da orgullo contar que una vez ¡estuve tres días enteros ahí! Apenas salí para mis necesidades básicas (el baño está a un metro), pero fuera de eso, todo el tiempo lo viví ahí.
Aquí leo, veo películas, reviso fotografías, hablo por teléfono, duermo y hasta como. (¿Les he platicado que un día encontré entre las sábanas de mi cama una galleta vieja que llevaría ahí como dos meses?)
En mi cuarto nadie entra, absolutamente nadie, está prohíbido. A no ser que sea algo muy, pero muy especial. Como alguien que me ofrezca gratis su colección completa de cine sangriento, libros de fotografías o un animal disecado (creo que voy a empezar a buscar la cabeza de un venado para colgarla, se vería linda). Fuera de eso, siempre se encontrarán con la puerta cerrada y con un enorme letrero que dice "No molesten".
Como pueden ver, mi habitación está llena de cosas. Libros, películas, ropa y muchos juguetes. ¿Que qué edad tengo? Bueno... ejem.... eso no es importante, o qué, no que todos llevamos un niño dentro. Yo tengo uno disecado, eso cuenta ¿no?
La cajita de regalo...
04 septiembre 2008
Una bonita postal nomás por no dejar...
Este bonito perro participó en las Olimpiadas caninas en Guau-guau, China, 2008. Ganó medalla de oro en nado de muertito... sólo que se lo tomó demasiado en serio y pues ustedes mismos ya pueden ver los resultados. Terminó hinchadísimo y con los ojos botados de sus órbitas.
Después de una larga discusión, se optó por enviarlo de regreso a México cortado en seis gruesos filetes. Era eso, o mandarlo en una enorme caja que, por su tamaño y peso (tendrían que haberlo visto, pero en verdad estaba hinchadísimo) hubiera sido incosteable para la Federación del Deporte Canino (FEDECA). Hoy mismo llegará a nuestro país en una discreta caja de regalos. No cuenten con sus ojos —que se perdieron en el camino— ni con la medalla, con la cual se le pagó al carnicero que lo fileteó. En fin, así son estas cosas del deporte. Lo único bueno de todo este embrollo, es que Canito, que así es como se llamaba el perro, viajó en primera clase, como los grandes. ¡Sí señor! Ah, porque eso sí, honor a quien honor merece, faltaba más. En México somos muy justos. ¡¡Viva México cabrones!!
03 agosto 2008
¿Richard Laymon?
02 agosto 2008
Menú a la carta...
Sucede que, siguiendo la recomendación de un amigo, el pasado jueves acudí a un exótico restaurante que tiene la peculiaridad de preparar a cada comensal el platillo que le va mejor. Algo así como un guiso personalizado según la profesión del cliente, sus gustos literarios y sus principales filias.
En este restaurante, que lleva por nombre "Ke tra-gón" y que tiene el logo de un dragón regordete lanzando fuego, el cliente no pide, sino que espera a que el chef haga su aparición y analice minuciosamente el rostro del hambriento. No dice nada, simplemente observa. Se inclina un poco hasta lograr verlo de frente y luego, tomándolo de la barbilla, gira su cabeza de un lado a otro. Luego se va...
Después de decirle cuál era mi profesión, mis autores y libros favoritos, y de revelarle cuáles eran mis principales filias, el chef hizo lo propio: inspeccionó mi rostro con sus ojos saltones, cada rasgo, cada cicatriz... luego se largó con una cara de sorpresa.
Pues qué diablos vio en mi libros favoritos o filias. Peor aún: qué vio en mi rostro.
No sé por qué, pero me precupé un poco. Luego me tranquilecé al reflexionar que no podía haber nada de malo (o por lo menos nada grave) con H.P. Lovecraft, Richard Laymon (uno de los autores más sabrosos de la llamada literatura sangrienta), Robert Silverberg, Robert Bloch, mezclados todos con una buena dosis de cine bélico y una pizca de documentales sobre las peores tragedias radioactivas.
¡Aquí el extraño aunque delicioso resultado!:
Una vista de la preparación...
...y la presentación final, servido con tripas y sesitos marinados. Preferible comerlo bien caliente... Si se enfría mucho, el niño puede despertar y nadie quiere batallar con las piernitas y sus respectivas pataditas rompe hociquitos, ¿verdad?
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